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¿De dónde vendrá el deseo?

Foto del escritor: MARIANA BEZZONE
MARIANA BEZZONE
15 nov 2022
2 min de lectura


No, no me preguntes. No me preguntes si quiero ser madre. Cada vez que alguien me hace esa pregunta, mi mente se estruja en mil insultos posibles. Aún no entiendo qué carajos les importa. No, no quiero ser madre. Todavía.


No tengo recuerdo de pedir un muñeco para jugar a la mamá, sin embargo lo tuve. Todas tuvimos uno. Aún recuerdo la manera en que me balanceaba sobre las puntas de los pies como una bailarina, mientras en un abrazo aterciopelado sostenía a ese pequeño bebote al que había bautizado Tomi.



Créditos: @RoyFerrerLustra


Si la maternidad será deseada o no será, ¿de dónde viene el deseo? Seguro de esa diosa divina que con su magia nos concedió el honor de siempre estar dispuestas al deseo y voluntad de maternar, pero sobre todo, de hacerlo bien. O quizás, es parte de la construcción social que obliga a las mujeres a reproducir modelos de vida que no estamos dispuestas a seguir soportando.


De niñas hemos sido entrenadas y no entretenidas, hábilmente, por nuestro sistema patriarcal. El capitalismo, con la estereotipación de lo que significa ser mujer en Argentina, también alimentó y perpetuó esta idea sexista. La diferencia de poner debajo de los árboles de navidad un muñeco con pañales para nosotras y una pista de autos para los niños, resume y deja en evidencia lo pésimos que son para disimular.


Este mismo sistema es el que, años más tarde, nos violenta con su consulta. ¿Para cuándo el hijo? En mi mente me balanceo sobre ellos, los agarro de los pelos y los sacudo al grito de ¡¡Qué carajo les importa!! ¡¡Déjenme en paz!! Sin embargo, la realidad es otra. Un silencio incómodo termina por interpelar mi decisión, a tal punto que la angustia aflora sobre mí.


Es una escena que he vivido muchas veces en mi vida, sin embargo aún no encuentro palabras para responder, pero siempre termino por dar una sonsa justificación. La pregunta representa el clímax de la violencia simbólica y normalmente es en un espacio social donde estamos totalmente condicionadas y no podemos salir a cortarle la cabeza a quién preguntó en el almuerzo familiar.


Es muy común el discurso de que las mujeres ya no quieren ser madres como antes. Eso no es cierto, simplemente somos un colectivo que está en deconstrucción y que respeta la voluntad individual pese a la imposición colectiva. No es que ser madre y los proyectos laborales sean incompatibles, pero en una sociedad tan desigual en donde paternar no es equitativo el mandato repercute, por ejemplo, en las oportunidades de acceder a puestos importantes de trabajo.


Múltiples factores contribuyen a que nos animemos en estos tiempos a negarnos a la maternidad. Los hombres son especialistas en borrarse, en lo que ellos denominan “ayudar” y en muchos -muchos- casos en entorpecer las tareas diarias del cuidado de los pibes. Es que para traer un pibe al mundo, se necesita mucho más que haber sido la mamá del pequeño plástico de Tomi.


Así que no, no me preguntes si quiero ser madre.


Ilustración: @ab.bel


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