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Basta de tragedias deportivas

Foto del escritor: JUAN IGNACIO DE REZENDES
JUAN IGNACIO DE REZENDES
15 nov 2022
2 min de lectura




El sábado primero de octubre, en la localidad indonesa de Malang Regency ocurrió una tragedia futbolística. Al finalizar el encuentro del clásico entre el local Arema y el Persebaya Surabaya con victoria 3-2 para estos últimos, cerca de tres mil simpatizantes invadieron el campo de juego. Las fuerzas de seguridad respondieron con represión y gases lacrimógenos. El resultado: un desenlace siniestro que culminó con al menos 125 muertos y más de 300 heridos.


No es la primera vez que un evento deportivo se convierte en noticia por motivos ajenos al juego. En repetidas oportunidades y sobre todo de este lado del globo, el público en los eventos deportivos masivos ha acostumbrado a dejar una mala imagen en relación a la buena convivencia entre hinchadas. En este sentido, la Asociación del Fútbol Argentino no autoriza partidos con hinchadas local y visitante, salvo en algunas excepciones (Copa Argentina). La misma decisión tomó la Liga 1 de Indonesia para el partido entre Arema contra Persebaya Surabaya. Si bien hay ocasiones donde la convivencia entre público local y visitante alteran el orden, la mayoría de las desgracias deportivas son provocadas por una fuerza de represión incapaz de manejar la situación o que se convierten en (des)cuidadores del orden público.


Luego de la invasión de los simpatizantes locales al campo de juego, los oficiales de policía tomaron como medida de contención la utilización de gases lacrimógenos. Según el Reglamento de seguridad y protección de los estadios de la FIFA, el cuerpo encargado de esa tarea no deberá llevar ni usar armas de fuego ni pistolas de gases lacrimógenos. Por desgracia, en la noche del sábado en el estadio Kanjuruhan, el protocolo se incumplió.


Por otra parte, en lo que respecta a la organización del partido también se cometieron infracciones. En primer término, el Estadio que albergó el encuentro tiene una capacidad de 38.000 personas y de acuerdo a lo que publicó el ministro jefe de seguridad Mohammad Mahfud se vendieron 42.000 entradas. En segundo lugar, el diario estadounidense New York Times publicó que al momento de la invasión, sólo dos salidas estaban abiertas en el estadio, provocando la desesperación en los simpatizantes que derivó en una estampida. Al menos 33 niños y jóvenes murieron a causa de la inoperancia de la organización.


Cuando se escriben los protocolos y los reglamentos se presume que su cumplimiento evitará cualquier tipo de problemas o, al menos, se establecerá una manera de sortearlos. Aquí no fue el caso. Un estadio sobrepoblado, puertas de salida cerradas y una evidente fuerza de seguridad que no fue competente al momento de accionar. Algo que podría haber sido anecdótico se transformó en desastre. Las peores tragedias son aquellas que se hubieran podido evitar. El presidente de la liga indonesa futbol Akhmad Hadian Lukita expresó su preocupación y lamento por el incidente y agregó que espera que esta sea una lección valiosa para todos en la organización. Este medio adhiere al pedido de justicia y brega para que no existan más “lecciones valiosas” en el deporte.


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