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Siempre, siempre las diferencias

Foto del escritor: AZUL MARIA ARRASCAETA
AZUL MARIA ARRASCAETA
15 nov 2022
2 min de lectura


No sé cómo pasó, ni cuándo empezó, ni quién lo inició: pero hay algo que siempre estuvo presente en la colectividad argentina por lo menos desde que yo tengo conciencia: la eterna grieta. No, no hablo necesariamente de la grieta partidaria de la que se comenta desde hace unos años, sino de la grieta que existe para todo en este país. Acá todo es un extremo, parece ser que para las respuestas culturales siempre es blanco o es negro, nunca hay un gris. Ojo, yo siempre fui partidaria de estar firme en las decisiones de uno y no ser tibia, pero no ser tibia no significa no contemplar otras posibilidades existentes, aunque crea firmemente en las mías. Y no ser tibia no significa pensar solo en mí.

Creo que así como la vida misma, los pensamientos, las aspiraciones y las cosas con las que nos identificamos van cambiando con el tiempo. Claro que no pienso igual que a los 18 años, incluso cuando mi yo de 18 años entraba con toda su euforia a la tercera ola del feminismo y discrepaba con mi yo de 15 años. El cambio es vital en la existencia misma, pero para poder cambiar es necesario escuchar y percibir lo que el resto propone. A los argentinos les cuesta mucho eso, la parte de escuchar al otro, y me refiero a escuchar prestando atención, no a escuchar negando con la cabeza y preparado para refutar. Tampoco hablo de convertirse en una persona totalmente dócil que cambia sus creencias con solo escuchar una frase, pero sí dar el espacio al otro distinto a mí.

Hablar, debatir, discutir, como quieran llamarlo, pero no en busca de tener la razón, sino en busca de la respuesta al bien común, sea de quién sea que venga esa respuesta. Dejar de ver al otro como un eterno adversario a quien hay que exterminar. El expresidente uruguayo, José “Pepe” Mujica, en 2021 expresaba a la sociedad argentina: “Discrepen todo lo que quieran, pero construyan, luchen por un nosotros”.

Porque estas diferencias que en ciertos momentos parecen anecdóticas, de a poco nos carcomen los huesos y no nos dejan mirar más allá de la mirada propia. Estamos perdiendo la perspectiva, nos centramos en las diferencias y expulsamos las cosas que nos encuentran y nos igualan. Somos una sociedad diversa, y en esa diversidad es que hay que encontrar el orgullo, ser tan distintos y sentirnos tan parecidos. Luchar contra estos discursos de odio que aparecen ahora y que simulando debates siguen abriendo grietas. Empatizar, entender, preguntar, escuchar, ¡¡¡escuchar!!! ¡¡¡Qué lindo es que te escuchen!!! Cómo cambia la visión del otro cuando a uno le conceden el respeto de ser escuchado.

Caricatura por Julio César González (Matador)


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