Salud mental: el derecho olvidado
“La presente ley tiene por objeto asegurar el derecho a la protección de la salud mental de todas las personas, y el pleno goce de los derechos humanos de aquellas con padecimiento mental que se encuentran en el territorio nacional, reconocidos en los instrumentos internacionales de derechos humanos, con jerarquía constitucional” (Ley Nacional de Salud Mental, 2010, Artículo 1).
El 2 de diciembre se cumplirán 11 años desde que fue promulgada la ley 26.657 de salud mental en Argentina. Y aunque rondaron muchas expectativas y esperanzas de ponerle fin a un sistema que vulneraba los derechos de las personas que se encontraban bajo diagnósticos de padecimiento mental, hace 11 años que el Estado no logra dar muchos pasos en torno a esa dirección.
Con la ley promulgada en 2010 se pretendía cambiar un viejo modelo de acción y tratamiento para quienes padecen trastornos mentales, que implica la figura institucional de un manicomio y métodos, intervenciones y prácticas arcaicas que ponen en situación de extrema vulnerabilidad y violación de derechos a los pacientes. La realidad es que aunque actualmente la imagen del manicomio es sumamente negativa, las instituciones de salud mental y sobre todo las del ámbito público, están totalmente abandonadas. No solo eso, sino que además de abandonadas, están solas. No existen anexos de casas de día, de medio camino ni centros de rehabilitación que ayuden a las personas tratadas a volver a integrarse a la sociedad después de comenzar sus tratamientos psicológicos y psiquiátricos.
La ley por sí sola no basta, necesita ser acompañada constantemente por políticas públicas y un Estado presente. El presupuesto para las instituciones y los cambios que deben realizarse en ellas, además de sus potenciales anexos, son prácticamente inexistentes. Incluso se han reducido las camas psiquiátricas de los hospitales y se ha expulsado a pacientes internados que han quedado a la deriva en las calles. Las pagas a los profesionales de salud son bajísimas y en los últimos años los reclamos y las marchas no han cesado. Además, no nos podemos olvidar de la pandemia que hubo de por medio, y cómo han subido los diagnósticos de ansiedad y depresión en la sociedad a raíz de esa misma situación.
Parece ser que la salud mental es un derecho olvidado en Argentina, eternamente pospuesto para otro momento y que vive bajo la sombra de cosas “más importantes”. Una gran parte de la población vive su vida luchando sola ante sus propias cabezas, sin nadie que la acompañe, la contenga, la trate y le señale el camino a un goce pleno de la salud. Una gran parte queda aislada de la sociedad y el sistema. ¿Hasta cuándo podremos vivir sin salud mental?



Comentarios