Pero si yo siempre digo la verdad
Hojear el diario es para muchos una actividad cotidiana. En algunas personas existe la creencia de que leer lo que se ha escrito en el periódico es atender a algo que ocurrió, verídico, creíble. En cambio, al observar sobre el mismo hecho pero en un medio que no es de su agrado, tienen la sensación de percibir algo que es repulsivamente falso. ¿Cómo puede suceder esta dicotomía? ¿Quién (es) son los portadores de la verdad y dignos de la confianza?
Así como Nietzsche sentenció la muerte de Dios, otros declaran el fin de la objetividad. El problema reside en que no puede morir aquello que nunca existió. Los manuales de escritura suelen remarcar que para lograr el mejor periodismo posible se deben seguir unas series de normas para ser parcial y objetivo.
Ahora bien, ¿dónde entra en juego la objetividad? El especialista en comunicación Amador Iranzo y la periodista Teresa Latorre advierten: “Hablamos siempre de subjetividad porque la objetividad no existe en periodismo: al elegir el tema que va a abordar, el enfoque o las fuentes que va a utilizar, el periodista aplica sus propios criterios, diferentes de los de cualquier otra persona”.
La total objetividad no existe. La realidad es inabarcable. Por lo tanto, el periodista debe realizar un trabajo de selección y jerarquización de la información al momento de hablar sobre un hecho. Así podemos ver que las tapas de estos tres diarios (Clarín, La Nación y Página 12) abordan un hecho que ocurrió: El Banco Central tomó la medida de crear un incentivo financiero para que los productores agropecuarios puedan exportar. Sin embargo, ninguna de las tres dice exactamente lo mismo. Si traspolamos el ejemplo de las tapas a una noticia en particular también podremos observar matices y diferencias según el medio. Hay quiénes pensarán que esto no es ético. Lo cierto es que el periodismo no es exclusivamente narración e información, también es interpretación y opinión. En consecuencia la subjetividad se hará presente mientras más aparezcan los rasgos del periodista en el texto.



Tapas de los diarios Clarín, Página 12 y La Nación de la fecha 27-07-2022.
Walter Lippmann, intelectual estadounidense y ganador del Premio Pullitzer, sugería que para dejar de lado la subjetividad se necesitaba una profesionalización del trabajo y actuar honradamente. En pos de una mejor prensa, una idea factible para elevar la vara es aclarar las reglas del juego. Para ello es necesario ubicar las notas en las secciones reconocibles, identificar a las fuentes, siempre siguiendo los marcos de la ética periodística y visibilizar a los autores de los textos. Si bien resulta banal remarcarlo, el periodismo es servicio. Un reportero no solo trabaja para sus editores/jefes sino que tiene una función social con los lectores. Firmar una nota es un acto de compromiso y de honestidad intelectual. Quizás si conocemos quién escribe lo que leemos podremos entender a la realidad no en términos objetividad/subjetividad sino en términos de compromiso con el trabajo y podremos disfrutar de una lectura sana, ética y honesta.



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