top of page

Un acampe que molesta al privilegio

Foto del escritor: ROCIO BEJA
ROCIO BEJA
15 nov 2022
2 min de lectura

Media calzada de la avenida Chacabuco se llenó de carpas el pasado 27 de septiembre. El Polo Obrero convocó a manifestantes de numerosos barrios de la Ciudad de Córdoba, que se presentaron para reclamar por trabajo digno, contra el hambre y la pobreza, frente al Ministerio de Desarrollo Social. Pero el cuento es siempre el mismo, y no tardaron en aparecer las quejas de quienes no participaron de la movilización.


Foto: Mariana Bezzone y Rocío Beja


Se calcula que unas 7 mil personas formaron parte del acampe. Familias enteras durmieron en pleno centro cordobés. Se trató de una protesta nacional, que se produjo en varias ciudades del país de manera simultánea. En una ciudad que alberga marchas casi todas las semanas, la gente no repara en nada más que la queja. Las redes sociales se inundan de comentarios en contra de algo que no saben qué es, o por qué está pasando, pero están hartos igual.

Captura de pantalla de Twitter


Los medios tradicionales se encargan de difamar las manifestaciones, dejando en el olvido los reclamos y las razones. El discurso sobre la inconveniencia de cortar una avenida en un martes laboral, es quizás el comentario que más camina de boca en boca. Pero cuando transitás entre las carpas lo que se escucha es muy diferente.

Afuera, la gente llega tarde, los kioscos no venden y los estacionamientos pierden la guita. O al menos esos son los motivos de queja de la sociedad. Adentro, hay una organización social en busca de mejores condiciones para todos. Estés criticando o estés agitando banderas, la lucha es indiferente.



Mientras se desarmaba el acampe y barrían la calle, un hombre se quejaba a los gritos. Sentenció sin piedad que le complican la rutina a los que tenían que ir a trabajar. Y es irónico que unos minutos antes, Marcela, militante y reciente desempleada, quien hace manualidades como método de subsistencia, aseguraba: “Queremos trabajo digno, no un plan”.

Criticar desde el privilegio se volvió una práctica naturalizada en nuestra sociedad. Hacerse ajeno al contexto social que nos atraviesa implica cometer el error de no ver el panorama general. A vos quizás te tocó una educación completa. A vos quizás te tocó un barrio no marginado. A vos quizás te tocó una realidad que se puede considerar privilegiada en medio de una situación social y económica cruel.

Somos miembros de una sociedad que ha luchado por mejores condiciones de vida, de trabajo, de educación, de salud y de prácticamente toda la esfera de necesidades humanas civiles. Por eso no debemos ser ajenos a la historia. Los derechos que tenemos se consiguieron en las calles, y así seguirá siendo. Es momento de replantearnos nuestro rol en la sociedad, nuestro consumo mediático, y preguntarnos: ¿mis privilegios me van a nublar el juicio?


Comentarios


bottom of page