Los desafíos de la subjetividad
¿Se puede ser objetivo en el ejercicio del periodismo? ¿La objetividad es una demanda del lector? ¿O es acaso una regla implícita de la práctica periodística? Estas son las preguntas disparadoras que llegan a una única hipótesis: la subjetividad es un fantasma que persigue y juzga a quien escribe.
Se pone en tela de juicio la preponderancia de la interpretación y se la tilda de persuasión, como si no se tratara de un pilar en el ejercicio del periodismo actual. Se navega en un mar de información carente de sentido, y allí entra uno de los roles fundamentales del periodismo, el de entender, comparar, desglosar y reconstruir. Un hecho nunca está aislado de su contexto, y por ende jamás está desmembrado de la mirada subjetiva del interpretador, el periodista.
Lo noticiable es noticia porque se eleva de los sucesos comunes. Su innata espectacularidad los hace complejos y propensos al análisis. Como punto de partida, Natividad Abril Vargas, escritora y periodista, cita a Enrique de Aguinaga, catedrático y periodista español, quien señala que “la información, como producto de la selección y la valoración, ya es inicialmente un producto interpretativo”. Sin embargo, el lector actual exige una posición de parcialidad (casi) absoluta a un profesional que se vale de sus cinco sentidos para poder ver dónde está la noticia.
Entonces reflota la ambigüedad de las expectativas. Los datos duros y superficiales abundan en las vertientes del mundo contemporáneo, y las redes sociales son canales que proporcionan información rápida y de primera mano. Pero entra en juego la

capacidad del periodista para ahondar, profundizar, seleccionar y componer una pieza, y así dotar de riqueza al acontecimiento. De esta manera se mezclan la astucia, el color y el respeto para proveer al artículo un tratamiento a la altura.
Sonia Parrat, profesora de Periodismo en la Universidad de Madrid, expresa: “De hecho, cuando afirmamos que el periodismo es un método de interpretación sucesiva de la realidad ya estamos admitiendo que existe un proceso por el que esa realidad atraviesa antes de llegar al público”. Sucede que, cuando la cotidianidad es interrumpida por un suceso de alto impacto, contar los hechos uno por uno no es suficiente.
Ante el intento de magnicidio contra la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, Eduardo Aliverti escribió para Página 12 un texto titulado “Eso del odio”. Esta nota encarna una ejemplificación del papel fundamental del periodista. Un informe detallado no cumplirá con las expectativas, necesitamos ir más allá. Necesitamos comprensión y desarrollo que ordene el mundo de las ideas y nos ubique social y temporalmente. Lo que pasó tuvo un impacto sísmico en la democracia, y es tarea obligatoria traerlo a colación.
Distinguimos entre periodismo “objetivo” y de opinión, entonces, como una barrera que la sociedad impone, y que cataloga dónde hay lugar para la subjetividad sin sufrir las consecuencias. Irónicamente, no hay información, nota o artículo que no esté atravesado por el denso y multifacético entramado de la realidad que lo constituye, y su consecuente necesidad de análisis e interpretación.



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